Bandas sonoras: Gremlins 2

27 de enero de 2008

Volvemos a encontrarnos una vez más para hablar de una película. En este caso, una secuela magnífica de la más magnífica todavía Gremlins, que dirigiera Joe Dante en 1984 (con un guión del todopoderoso Chris Columbus).

Por si alguien acaba de mudarse a nuestro sistema solar proveniente de tierras remotas e infelices, le pongo al corriente de la primera película, hoy día convertida en uno de los clásicos por excelencia del «cine de bichos»; Billy recibe un extraño regalo por navidad. Se trata de un mogwai, un ser simpático, juguetón y monísimo. Sin embargo se le advierte de qué tiene que cumplir tres importantes reglas para su bienestar:

  1. Debe evitar que se moje
  2. No debe darle la luz, y mucho menos la del sol (¡esto lo mataría!)
  3. Y nunca, bajo ninguna circunstancia, debe comer después de medianoche.
Obviamente, todo esto ocurre, y nuestro adorable mogwai (llamado Gizmo) es padre por accidente de múltiples mogwais de bastante peor carácter, que comenzarán un extraño proceso de mutación y se convertirán en una plaga, asolando la ciudad.

La secuela se lanzó en 1990 y volvía a contar con Joe Dante tras las cámaras. Su título fue Gremlins 2: The new batch (Gremlins 2: La nueva oleada). Volvemos a tener una plaga de gremlins, pero esta vez la historia se desarrolla en un enorme edificio, donde la «rebelión» es llevada a cabo por un gremlin superdotado. Es éste personaje quien, cerca del final del film, entona el mítico tema New York, New York. En nuestro país pudimos escuchar este tema cantado por, nada más y nada menos, que Constantino Romero. Disfrutad.



Que corra la voz, ¡me marcho de aquí!
Quiero formar parte de tí, New York, New York... ¡si señor!
Mis botas al fin desean partir
Y poder caminar por tí, New York, New York.
"¡Gizmo, caca!"

Gremlins


Animes de deportes minoritarios

25 de enero de 2008

Desde hace algún tiempo he ido dejando de ver anime; no por nada en concreto, sino por falta de tiempo y voluntad para seguir una serie. Sin embargo, hace poco tiempo resurgió en mí la vena "otaku", y por recomendaciones de terceros, comencé a ver Hajime no Ippo. Como su propio nombre indica (insertar risas aquí), Hajime no Ippo cuenta la historia de Ippo Makunouchi, un joven estudiante de instituto al que sus compañeros tienen amargado... un pringao que recibe de lo lindo todos los días al salir de clase y apenas tiene vida social por tener que atender el negocio familiar. Uno de estos días, mientras unos matones le hacen una cara nueva a base de persistencia, un tipo dá la cara por él y le defiende. Se trata del boxeador Mamoru Takamura, campeón de Japón de peso medio. Ippo, abrumado ante la fuerza de Takamura, insiste en ser boxeador, y comienza un riguroso entrenamiento.

A partir de aquí, la trama de la historia es bastante evidente; Makunouchi comienza una meteórica carrera, conociendo en el camino a luchadores increíbles como Ichiro Miyata, Sendo Takeshi o Volg Zangief... y también a alguna muchacha que otra, para animar un poco el panorama. Como valoración personal diré que estos personajes secundarios son la auténtica esencia de la serie; sus perfiles están muy trabajados y tienen un gran carisma, que en ocasiones podría faltarle al protagonista, Ippo.

Otro punto a su favor es el rigor deportivo que tiene; yo de boxeo no sabía absolutamente nada, y ahora, sin embargo, puedo diferenciar un jab, un uppercut, un infigther y, si me ponen, quizás hasta un corkskrew. La serie está llevada a cabo por Jyogi Morikawa, mangaka y mánager de boxeadores. De todas maneras, que nadie se crea lo contrario; es un anime, y no dejan de verse auténticos desafíos contra el espacio-tiempo; caídas de minuto y medio, puñetazos imposibles, saltos incongruentes... lo que viene siendo la esencia de la animación japonesa, a excepción del kame-hame-ha. Al menos por ahora.

Por otro lado, encontramos "The Prince of the Tennis", del cual tampoco puedo extenderme mucho pues acabo de empezar a verlo. La historia trata de, jamás lo adivinaréis, un jovencísimo jugador de tenis, Ryoma Echizen, de doce años de edad. Ryoma es hijo de un importantísimo tenista japonés ya retirado, y ha heredado de su padre todo su talento. El manga comienza con la llegada de Ryoma a la escuela Seigaku, una escuela donde parece que se vive por y para el tenis; allí, estudiar historia, matemáticas o lengua, poco. Sin embargo, los alumnos se pasan el día dando vueltas a las pistas, haciendo flexiones y jugando al tenis sin ton ni son.

Esta serie ha gozado de un grandísimo éxito en Japón, donde hasta se ha grabado una película "live action" (aaaarrgh, no puedo evitar que me venga ESTO a la memoria). Aparte de ello, claro está, tenemos videojuegos para todas las plataformas, tanto de ésta serie como de la anterior.

Me atrevo a decir, sin temor a equivocarme, que esta serie de animes deportivos consiguen despertar la atención de los más jóvenes hacia estos deportes; de hecho, yo mismo he tratado de hacer más de una vez el Dempsey Roll (+) en el wiisports (sin éxito). Y tratándose de Japón, donde los chavales acostumbran a vivir en sus cuartos conectados a la red, me parece toda una proeza.

información vía | wikipedia

"Resulta que el tirado de la lengua larga y los tatuajes era campeón gitano de boxeo sin guantes, o sea, más duro que un clavo en un ataúd.

Snatch: cerdos y diamantes


Confesiones varias y Summer Glau en pelotas

11 de enero de 2008

Confieso, a pesar de arriesgarme con ello a perder mi vida social, que jamás ví Terminator. Ni la primera, ni la segunda parte. Probablemente porque cuando la segunda parte llegó a nuestras pantallas en 1991, cuando yo contaba con ocho tiernos añitos, habían muchas otras películas que captaban mi atención más que Schwarzenegger enseñando el culo y machacando a diestro y siniestro.

Sin embargo, sí vi la tercera parte, arrastrado por amigos que habían visto las originales, claro está. Y a mí, plim. Vale, había robots repartiendo ostias como panes, y Schwarzenegger poniéndose unas ridículas gafas de sol. ¿Es ésto lo que armó tanto revuelo?

Teniendo esto en cuenta, pensé que la serie Sarah Connor Chronicles me la iba a repanflinflar hasta límites olímpicos. Sin embargo, la inclusión en el plantel de esa musa conocida como Summer Glau lo cambia todo, y he aquí que me sorprendí a mí mismo viendo el episodio piloto de la ya mencionada serie, para descubrir que la historia es jodidamente buena (sí, he dicho un taco en mi blog, iros acostumbrando).

Y a estas alturas, sólo me resta por decir que me importa un comino que maten a John Connor o a su madre, o que la raza humana sea aniquilada por las máquinas, pero... que a Summer Glau no le toquen un pelo.